
La sala de clases está mal
Muchos piensan que el problema de la educación son los malos profesores. O tal vez los estudiantes desmotivados. O quizás sea un currículum obsoleto o la falta de financiamiento. Pero, ¿y si el verdadero problema fuera la sala de clases en sí?
Hace más de un siglo que sabemos cómo aprenden mejor las personas. No es sentándose pasivamente y escuchando una cátedra. El cerebro humano no está diseñado para eso. Aprendemos haciendo, cometiendo errores, recibiendo retroalimentación y enseñando a otros. Esto no es una teoría moderna; está respaldado por décadas de investigación en psicología cognitiva.
Imagina que eres ese profesor. Entras en una sala con 30 pares de ojos mirándote expectantes. ¿Cuál es tu instinto? Comenzar a hablar, dar una cátedra. La sala está diseñada para ello. Luchar contra ese instinto es como nadar contra la corriente. Unos pocos profesores excepcionales lo logran, pero es agotador, y la mayoría eventualmente se dejará llevar por la corriente.
Sin embargo, entras en casi cualquier sala de clases del mundo, ¿y qué ves? Filas de escritorios con un profesor al frente. Es una configuración que prácticamente suplica al docente hacer una clase expositiva. Incluso si pones al mejor profesor del mundo en esa sala, el entorno mismo lo empuja hacia una mala pedagogía.
Imagina que eres ese profesor. Entras en una sala con 30 pares de ojos mirándote expectantes. ¿Cuál es tu instinto? Comenzar a hablar, dar una cátedra. La sala está diseñada para ello. Luchar contra ese instinto es como nadar contra la corriente. Unos pocos profesores excepcionales lo logran, pero es agotador, y la mayoría eventualmente se dejará llevar por la corriente.
Hemos estado tratando de resolver este problema entrenando a los profesores para que naden mejor. Les damos talleres sobre técnicas de aprendizaje activo, predicamos sobre la importancia del trabajo en grupo y la retroalimentación entre pares. Pero no está funcionando.La mayoría de los profesores siguen dando clases expositivas la mayor parte del tiempo.
¿Por qué? Porque estamos resolviendo el problema equivocado. Estamos tratando de cambiar a los nadadores cuando deberíamos estar cambiando el río.
Algunas instituciones innovadoras ya están siendo pioneras en este enfoque. Por ejemplo la Universidad Minerva. Todas sus clases son online y construyeron un sistema de gestión de aprendizajes que literalmente pone un bozal al profesor. El sistema solo permite que el profesor hable durante una fracción del tiempo de clase, forzando una participación más activa de los estudiantes. Y está funcionando. Minerva ahora es más selectiva que Harvard. Para la clase de 2026, Minerva tuvo una tasa de aceptación del 0,99%, comparada con el 3% de Harvard. La enseñanza efectiva es una de las cosas que están haciendo bien.
